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sábado, 27 de septiembre de 2014

Ansiedad no estas solo.

Confieso que desde haces años temo a los ataques de ansiedad porque hace tiempo tuve varios.
Esto me ha llevado a vivir una vida ciertamente algo limitada de lo cual me voy librando en estos ultimos años .
Yo animo a todos aquellos que teméis tener un ataque de panifico o ansiedad o que ya la habeis tenido a que no esperéis tanto como yo para afrontarlo y vencerlo.
Debe ser de una meneara valiente, constante y comprometida para ganar al miedo y ser libres. Dejaros de libros de autoayuda y buscaos un buen profesional que os ponga deberes y cumplirlos a rajatabla.
Comprometeos con el de verdad. Poco a poco iréis avanzando hasta lograrlo.
Pero hay que empezar y avanzar. Nunca parar ni retroceder ,ante las adversidades hacerte tu con el control de tus miedos. La exposición es la única solución al problema.
No me quejo de todo lo que he vivido, aun estando algo limitado, pero podía haber estrujado mas la vida, cosa que ahora hago. Debeis decir si a todo no lo eviteis.
La diferencia de vivir sin miedo es indescriptible. Vencerla si te hace libre de verdad.
No mas excusas para empezar y dejar de mentiros a vosotros mismos de mil maneras.
Que da mas ansiedad solo pensarlo? Que se pasara mal? pues claro todos hemos pasado por ello y por eso no empezamos o lo dejamos enseguida. Todos los que la hemos sentido sabemos de que hablamos .
Respira y piensa que esto no va mas contigo. Es una mentira creada por ti. No te pasara nada.  Ya sabemos que síntomas tendrás y como desaparecen. Somos millones .
A veces los reguladores de serotonina son un gran bastón para avanzar y superarla mas fácilmente  pero muchas personas son anti pastillas de este tipo.
Un gran consejo, cuanto mas tardes mas se enquista el tema y mas cuesta sacarlo. Es como un alien, cuanta mas agua le das mas engorda.
Empieza ya!.
Animos no estas solo, yo estoy al otro lado. Y como decía un amigo "al alíen ni agua".


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Pastillas ?

Que levante la mano quien en algún momento de su vida y ya con una cierta edad, no ha tomado ninguna pastilla para la ansiedad, pánico, depresión o estrés, por algún motivo o circunstancia.
Debemos pasar los malos momentos sin tomar nada?
Porque este rechazo a las pastillas que curan el alma ?
Tenemos que vivir el sufrimiento?
Se toman para miles de males pero estas parece que son tabú socialmente y se toman en silencio.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Confesiones.

Para que confesamos a veces nuestros secretos?.
Culpa?  necesidad? inmadurez? arrepentimiento? liberación?
Entonces sin preguntas no hay mentiras?

Verdad o mentira?


Guardar secretos para uno mismo?
Omitir verdades?
Mentir por miedo?
Contar verdades dolorosas?
Mentir para hacer feliz?
Todo es mucho mas, verdad o mentira?

viernes, 12 de septiembre de 2014

Problemas?

Seamos prácticos, los problemas se deben resolver o disolver, pero no alargarlos ni retenerlos.
Terminar con ellos lo antes posible libera el disco duro emocional  y así cuanto mas vacío esta mas ligero caminas por la vida.
Simplemente.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Egoísmo.

Si todos buscamos ser felices no sufriendo de ninguna manera, como no podemos ser egoístas sin darnos apenas cuenta?
En cada acción buscamos una compensación?
Somos capaces de manipularnos o  mentirnos a nosotros mismos con tal de sentir bienestar?
Esta el gen egoísta que decide por nosotros?
Es real el altruismo, o también se busca algo en esa acción?
Dejaremos de buscar placer realmente en algún momento?

Definición[editar]

Egoísmo y altruismo. Significado y diferencias[editar]

En general, el egoísmo, de ego [yo] e ismo [práctica], se define como aquella conducta consistente en poner los intereses propios en primer lugar. En particular, el término egoísmo puede hacer referencia a:
• Egoísmo moral -doctrina ético-filosófica del autointerés como ética.
• Egoísmo racional -concepto filosófico con varias interpretaciones y conceptos.
• Egoísmo biológico -noción de biología evolutiva.
• Egoísmo psicológico -teoría sobre la conducta humana autointeresada y no realmente altruista.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Adictos a la comparación.


comparison-hgh“Algunas personas sienten la lluvia. Otras, simplemente se mojan”, Bob Marley
La comparación es una amante peligrosa. Sutil y manipuladora, tiene la capacidad de distorsionar la visión que tenemos de nosotros mismos y del mundo que nos rodea. Cuando entra en escena, egocéntrica y extremadamente crítica, nos arrastra a una rueda de constante insatisfacción. Nos desgasta y nos vacía, privándonos de tranquilidad y bienestar. Es entonces cuando nada de lo que somos, hacemos o tenemos parece ser suficiente. A golpe de lengua viperina envenenanuestras relaciones y multiplica nuestro malestar. Nos distancia de los demás y teje unaburbuja a nuestro alrededor que únicamente refleja nuestra inseguridad. Para muchos es una adicción, tan irresistible y destructiva como cualquier droga. Y si lo permitimos, puede llegar a consumirnos.
En cualquier situación y ante cualquier persona, incluso tras sólo cruzar un par de frases, se amontonan en nuestra mente oleadas de pensamientos del tipo “Es más alto, más bajo, más guapo, menos divertido, más delgado, más inteligente…que yo”. No en vano, toda comparación necesita de un punto de referencia, y por lo general, nos utilizamos a nosotros mismos como medida. Lo único que logramos al actuar bajo esta premisa es distorsionar nuestra propia imagen hasta destrozar nuestra autoestima. Especialmente porque solemos compararnos más a menudo con aquellas características del otro que juzgamos ‘mejores’, y a restarle importanciaa aquellas que no lo son tanto. Además, cuando nos comparamos somos más propensos a ponernos a la defensiva, a sentirnos más susceptibles y por lo tanto es más fácil que reaccionemos negativamente. Es uno de los tóxicos efectos secundarios de la droga de la comparación.
Si aspiramos a construir relaciones sanas con nuestro entorno y con nosotros mismos, tenemos que empezar a comprender cómo funciona y aprender a regularla. Es el primer paso para minimizar sus efectos, brindándonos la oportunidad de hacer las paces con nuestras carencias y áreas de mejora, nuestras necesidades e inseguridades. Quizás no seamos perfectos, pero no logramos nada castigándonos a través de la constante comparación. A menudo, somos nuestrojuez más severo y el verdugo menos compasivo. ¿Y qué conseguimos tratándonos así? Tal vez sea el momento de cuestionarnos a dónde nos conduce el camino de la comparación, y preguntarnos en qué persona nos convierte en el proceso.
Las gafas de la distorsión“Los complejos vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos”,Confucio
A pesar de sus múltiples consecuencias, la comparación cumple con una función tan básica como necesaria para nuestra supervivencia. Nos sirve como una especie de brújula, guía o coordenadas, pues nos ubica en cualquier situación en base a una evaluación de nuestro entorno. Nos da un marco de referencia para interactuar con otros seres humanos. Sin duda, resulta útil. Pero para muchos es también una tentación irresistible que, en exceso, se convierte en un fruto envenenado.
La comparación cuenta con abundantes efectos secundarios. Dos de los que causan más estragos posiblemente sean el ‘complejo de inferioridad’ y el ‘complejo de superioridad’. Según la psicología, el complejo de inferioridad es un sentimiento que provoca que una persona se sienta de menor valor que las personas de su entorno. Por lo general, surge como consecuencia de una visión distorsionada del propio ser. Esta circunstancia se da cuando la persona se siente insuficiente cuando se compara con la imagen de lo que cree que tendría que ser. A causa de la constante frustración que le genera el creer que no está a la altura, gana en ansiedad y suma en dificultades de relación.
En este punto entra en escena la sugestión, un arma muy eficaz. Por poner un sencillo ejemplo: si creemos que somos patosos, tenderemos más a tropezar y a caernos. Nuestra mente es un instrumento poderoso que construye nuestra realidad. Cuando tenemos complejo de inferioridad nuestras inseguridades se multiplican, y en ocasiones nos vemos incapaces de lograr nuestros objetivos, ya sean profesionales, académicos, o personales. Y cuando no logramos alcanzar los estándares que consideramos aceptables, a menudo terminamos por tirar la toalla. Perdemos interés, dirección, ganas y propósito. Esta realidad puede desembocar en una permanente situación de desánimo y ansiedad que nos dificulta interactuar con cualquier persona. De ahí que tendamos a evitar cualquier tipo de responsabilidad.
Por otra parte, el acuñado como ‘complejo de superioridad’ por Alfred Adler es un mecanismo que desarrollan algunas personas para compensar sus propias carencias, inseguridades y sentimientos de inferioridad. Optan por magnificar sus propias cualidades, desestimando los logros ajenos. Y también por minimizar sus propios defectos, mirando hacia otro lado cuando hacen acto de presencia. Tienen una visión tan distorsionada de sí mismos que pierden contacto con la realidad, lo que empobrece sus relaciones y les convierte en personas de difícil trato. Destacan por su arrogancia y prepotencia. Suelen disfrutar de ser el centro de atención, y tienden a mirar por encima del hombro. Temen fracasar, y se construyen su burbuja ficticia para protegerse del mundo real.
Ambos hijos del exceso de comparación, nos llevan a vivir una vida de marionetas, sin control sobre nuestras reacciones, conductas y actitudes. Dos ejemplos de cómo el reflejo de los demás en nuestra retina puede truncarnos la existencia. Pero, ¿cómo podemos dejar depadecer bajo su maligna influencia? Y ¿de qué manera podemos recuperar las riendas de nuestra propia vida? Damos por hechas muchas cosas sobre nosotros mismos. Lo que nos gusta, lo que no soportamos, aquello que admiramos, las metas que perseguimos. Pero casi nunca nos damos la oportunidad de cuestionarnos si todas esas certezas absolutas que tenemos sobre quiénes somos son auténticas.
Distancia y perspectiva
“He sido un hombre afortunado; en la vida nada me ha sido fácil”, Sigmund Freud
Todos partimos de un conjunto arraigado de creencias, consideraciones y certezas que conforman nuestra manera de ver, recibir e interpretar todo lo que sucede a nuestro alrededor. Esta base nos viene dada en función de las normas y aspiraciones de la sociedad de la que formamos parte, de los valores –y expectativas- familiares que hemos recibido, y de nuestra propia experiencia, acumulada con los años. Este marco de referencia nos indica quién deberíamos ser, y nos moldea para acercarnos lo máximo posible a ese ‘ideal’. El buen hijo, el trabajador incansable, el padre respetado. Cada uno tiene el suyo propio. Pero la realidad última es que todos llevamos grabada a fuego la idea de quién tenemos que ser. Y en función de lo cercanos o lejanos que creamos estar de ella, nos consideramos más o menos valiososcomo seres humanos.
Sin embargo, cada uno ocupa un lugar distinto en este mundo porque todos somos diferentes. Lamentablemente, hemos dejado de valorar la singularidad en pro de lo convencional, lo ‘normal’ y lo ‘previsible’. Apreciamos aquello que nos hace parecidos, no aquello que nosdiferencia de los demás. Además, tenemos cierta tendencia a idealizar. Hasta el punto que muchas personas optan por la ficción para establecer ese ‘índice de valor’, lo que prácticamente lo convierte en imposible de alcanzar. No hay más que mirar a nuestro alrededor. La mayoría de anuncios muestran a personas tan retocadas que no existen. Aspiramos literalmente a un modelo de perfección falso, creado a golpe de click. Es una realidad contra la que estamos condenados a chocar, lo que conlleva toneladas de tensión y grandes dosis de estrés.
De ahí la importancia de recordarnos de vez en cuando que nunca ha habido, hubo ni habrá nadie que viva, experimente y sienta exactamente como nosotros. Somos absolutamente singulares. Cada uno de nosotros está compuesto por una serie de elementos comunes, pero la combinación es única en cada ocasión. Es imposible realizar una comparación objetiva, porque no hay dos seres humanos iguales. El sesgo está en nuestra mente. La adicción a la comparación nos hace perder perspectiva, atrapándonos en una ficción en la que siempre salimos perdiendo. Todos tenemos cualidades y carencias, pero curiosamente estas últimas parecen pesar el doble en nuestra balanza.
Lo cierto es que adaptarnos a nuestra propia exigencia puede resultar muy difícil. Resulta más útil y constructivo empezar por redefinir lo que auténticamente tiene valor para nosotros. Y para lograrlo tenemos que apostar por conocernos mejor, descubrir quiénes somos, cuáles son nuestras singularidades y capacidad de aportar valor añadido. Dejar de mirarnos en el espejo de los demás y empezar romper la burbuja de la comparación, que nos aleja del mundo pero sobretodo de nosotros mismos, de nuestro potencial y nuestra verdadera esencia.
En clave de coaching
¿Qué ganamos cuando nos comparamos con los demás?
¿Cómo cambiaría nuestra vida si nos midiéramos en base a nuestro criterio en vez del de las personas de nuestro entorno?
¿De qué manera mejorarían nuestras relaciones si cultivásemos nuestra autoestima?