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miércoles, 31 de diciembre de 2014

Risas.

Siempre hablamos de atributos serios como la empatía, la tolerancia, la compasión, la humildad.
Y que pasa con el mayor atributo de todos?
Que cual es? pues muy fácil el sentido del humor .
Eso os deseo para este 015 que sepamos reírnos mucho y sobre todo de nosotros mismos.
Viva el humor .

sábado, 20 de diciembre de 2014

Nos aceptamos de una vez?

España  es El Corte Ingles, David Bisbal, la lotería de navidad, Benidorm, La liga de fútbol, la Pantoja, Marbella, los villancicos,Telefonica, las carreteras nacionales, el agosto, la renfe, los políticos, la tele, las iglesias, mujeres guapas, los bares, los toros, sol, el puente aéreo, Lladro, funcionarios, los bancos, buena comida, construcción, el turismo. paro.
Y los primeros del mundo en donantes de órganos.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Basta .

Creo es una prueba a la tolerancia que apenas podemos ya resistir .
Y si dejamos de hacernos los buenos, de que se debe perdonar, de no ponernos a su nivel, de que ojo por ojo por ojo todos ciegos y nos enfrentamos de verdad al tema y al problema del fanatismo sin sentido a la locura asesina de unas masa de carne sin cerebro por lo tanto carentes de cualquier atributo humano y acabamos con esto de una vez .
Haber asesinado a 140 niños ya me parece que superan mi tolerancia y da comienzo a una fase practica .
Basta significa  acabar. Acabar es poner fin a algo para siempre.
PD:
La noticia solo duro un día en los medios de comunicación.

martes, 16 de diciembre de 2014

Mis amigos Filipinos.

Acaban de perder todo lo que tenían después de 25 años trabajando duro, fuera de su país como tantos emigrantes en busca de mejoras económicas y ahora en unas horas y  tras un fatal incendio en su vivienda que todavía esta por acabar de pagar se esfumo todo. Plaf.
Cuando digo todo es todo, fotos, dinero en efectivo, ropa, recuerdos, tv, cama, ordenadores, libros, sofás, lamparas, platos, sabanas,zapatos, gafas, ordenador,  hasta el cepillo de dientes.
Como se encaja esto a los 65 años después de toda una vida dedica a trabajar? .
Vuelta a empezar de cero.
Supongo que depende de la actitud tras la aceptación.

martes, 9 de diciembre de 2014

Separatividad.

El arte de amar (Fromm)

El arte de amar
de Erich Fromm.
GéneroPsicoanálisis Humanistapsicología socialsociologíaamor
IdiomaCastellano
TraductorNoemí Rosenblatt.
EditorialEdiciones Paidós Ibérica
PaísCiudad de MéxicoMéxico
Fecha de publicación19592000
Páginas128 pp. (edición 2000).
ISBN978-968-853-089-4
OCLC26209942
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En este libro, Fromm recapitula y complementa los principios teóricos acerca de la naturaleza humana que ya había comenzado a desarrollar en El miedo a la libertad y en Ética y psicoanálisis. Fromm postula que el amor puede ser producto de un estudio teórico puesto que es un arte, "así como es un arte el vivir" y, para el dominio de cualquier arte es imperiosamente necesario que se llegue a un dominio profundo, tanto de la teoría como de la práctica. El libro contiene cuatro capítulos:
  • I. ¿Es el amor un arte?
  • II. La teoría del amor
  • III. El amor y su desintegración en la sociedad contemporánea
  • IV. La práctica del amor
El libro postula principalmente que el amor es la respuesta al problema de la existencia humana, puesto que el desarrollo de éste conlleva a una disolución del estado de separación o separatividad sin perder la propia individualidad. Asimismo estudia la naturaleza del amor en sus diversas formas: amor de padre y de madre, amor a uno mismo, amor erótico y amor a Dios. El autor postula que los elementos necesarios para el desarrollo de un amor maduro son el cuidado, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento. En el capítulo tres Fromm realiza un análisis del amor y su significado en la sociedad actual, con base en el cual llega a la conclusión de que el modo capitalista de producción tiende a enajenar al hombre y a imposibilitarlo -al menos socialmente- para amar.[cita requerida]

jueves, 4 de diciembre de 2014

Injustos contrastes.

Y yo  desde  mi situación privilegiada  de burguesito con salud me permito intentar filosofar divagar  y opinar.
Puede indignar y lo entrenderia.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Ilusiones.

A ver, si tenemos un cerebro mas desarrollado que el resto de los seres vivos (por pura evolución y no por nada mas, teoría tan bien  demostrada por Darwin) entonces  eso es lo único que nos diferencia del resto.
Pero en realidad esa diferencia, son nuestros pensamientos,  los cuales son producto del mero funcionamiento de millones de neuronas conectadas entre si. Electricidad pura .
Es pura creencia mental. Pero es realmente real o solo es el resultado de la manera de que ese órgano funciona?


viernes, 28 de noviembre de 2014

domingo, 23 de noviembre de 2014

'Somos lo que hacemos', no lo que decimos

Ya podemos hablar, sentir , creer, opinar, juzgar, callar, soñar, quejar, querrer que al final  somos lo que .................
O no?

jueves, 20 de noviembre de 2014

Lo siento mucho.

Nunca me gusto despertar sentimientos de pena a mis hijas para conmigo, en ninguna de sus formas.
Entonces pienso en la cantidad de padres y madres que no tienen trabajo en nuestro país y que deben despertar esa pena a sus hijos.
Como callar a sus preguntar, como disimular, como reír llorando, como parecer fuertes, como levantarse cada mañana y   afrontar cada día sin un rumbo .
Como cuando llega la noche se reencuentran todos en casa los silencios dan respuestas.
Tan solo mi solidaridad desde una situación muy privilegiada. Tanta es que hasta me hace sentir culpable.

martes, 18 de noviembre de 2014

Hay muchas frases, pero esta me ayuda mucho.

"La vida no es un misterio a resolver sino tan solo un milagro a vivir".

Cuando pretendo entender la vida y  sus misterios esta reflexión me sirve para no comerme el coco y perder el tiempo con cosas imposibles de resolver.
Tan solo debo vivir.

martes, 11 de noviembre de 2014

Fidelidad e infidelidad.

Reacciones ante la infidelidad

Perdón, culpa, desconfianza, resentimiento crónico... son los sentimientos habituales

Para superar el dolor inicial del engaño hay que comprender y asumir la naturaleza humana

Como cada mañana, conectó el ordenador. En la pantalla apareció inesperadamente la cuenta de correo de su marido. “Recuerdo cada beso”. Esta frase, colocada como asunto de un e-mail, le saltó encima. Le invadió una sensación nueva de dolor al leer este y otros muchos mensajes entre él y una desconocida. Esos e-mails la colocaron en un planeta que giraba diferente. Un detalle temporal fue lo que más envenenó su cabeza. La historia parecía haber empezado cuando su hijo tenía seis meses.
La fidelidad es un invento de la evolución humana. Apareció con el mismo objetivo que todas nuestras conductas: asegurar la continuidad de los genes. Los humanos nacemos muy indefensos, vivimos una infancia prolongada pues necesitamos mucho tiempo para poder desenvolvernos por nosotros mismos. Así que la hembra cavernícola necesitaba a un macho a su lado para proteger a sus crías. Y surgió la fidelidad.
Desde un punto de vista biológico, la fidelidad está prácticamente asegurada cuando se está enamorado. En esa etapa no tiene mérito ser fiel, es lo que pide el cuerpo. Cuando el enganche hormonal se termina, incluso si queremos profundamente a esa persona, necesitamos de los valores, la programación social y la voluntad para continuar fieles.

La pareja no se apoya sobre la permanencia
del amor y de la sexualidad, sino sobre
la permanencia de la ternura”
Kostas Axelo
Si las paredes de los consultorios psicológicos hablaran, seguro que podrían explicar muchas cosas sobre la infidelidad. No sólo contarían sobre el sufrimiento del sujeto engañado, sino también del dolor del infiel y de la tercera persona.
Al descubrir una infidelidad, las reacciones son muy distintas. Incluso hay quien se alegra (puede constituir una buena excusa para romper la relación sin remordimiento, por ejemplo). A pesar de la disparidad, existen similitudes emocionales entre algunos engañados:
Perdida de inocencia. “Mi pareja nunca me engañará”. ¿Cuántas personas se han tenido que tragar estas palabras? y ¿cuántas se mantienen convencidas mientras la realidad se ríe de ellas? Existe un fenómeno psicológico que lo explica: “el optimismo no realista”. Se produce cuando estimamos que la probabilidad de ser víctimas de un suceso desagradable es menor que la de otras personas. Tenemos tendencia a sentirnos invulnerables. Y en el tema de la pareja, también. Por eso, cuando uno se entera del engaño, el golpe es tan duramente inesperado. Se da cuenta de que ese amor no era tan especial, que es como el del común de los mortales.

La infidelidad
levanta una tapa que deja salir todos los complejos a flote"
Se mira a la pareja y no se le reconoce. No sabemos a quién tenemos delante. Ni siquiera se está seguro de la historia que se ha vivido, se mira hacia atrás y todo se reevalúa. “Me invitó a esa cena porque sentía culpa”, “me engañaba cuando decía que yo era el amor de su vida”… Todo se interpreta de otra forma, más real, sin edulcorantes.
El sufrimiento da buenas lecciones a quien sabe atenderlas. En este caso, una de ellas es darse cuenta de que el ego tiene que aterrizar desde las alturas. Percatarse de la necesidad de eliminar el pensamiento “esto-nunca-me-pasará-a-mí”. Si se consigue bajar al ego de allá arriba sin lastimarse demasiado, nos volvemos humildes; más sabios. Y esto ayuda a afrontar no sólo la infidelidad, sino también futuros golpes, tanto del mundo de la pareja como de otros ámbitos.
Interpretaciones simplistas. Los humanos necesitamos entenderlo todo. Y la increíble complejidad emocional que implica una infidelidad también se quiere meter en una cuadrícula. Y eso no sólo es absurdo por imposible, sino porque encima hace sufrir. “La primera pregunta es por qué. ¿Por sexo, por diversión, por amor, por oxígeno…? Es normal plantearse esta cuestión, pero hay que saber que a veces ni el propio infiel sabe por qué lo ha hecho. Queremos encontrar la lógica en el mundo emocional y ahí no la hay.


ILUSTRACIÓN DE ANNA PARINI
PELICULAS
‘Atracción fatal’
Adrian Lyne
‘Los puentes de Madison’
Clint Eastwood
‘El cartero siempre llama dos veces’
Bob Rafelson
‘Como agua para chocolate’
Alfonso Arau
LIBROS
‘Fidelidad e infidelidad en las relaciones de pareja. Buenos Aires’
Javier Martín Camacho
Dunken Ediciones, 2004
Una de las explicaciones simplonas que se da a la infidelidad es la falta de amor. Sin embargo, no hay ninguna investigación que muestre que esta premisa sea siempre cierta. Tal como cuenta el psicólogo Martín Camacho en su libro sobre infidelidad, todas estas opciones son posibles: parejas que se quieren y no se engañan; parejas que se quieren y se engañan; parejas que no se quieren y se engañan, y parejas que no se quieren y no se engañan. El amor y la fidelidad no siempre van de la mano. Así que debemos valorar y sopesar la importancia que se le da a los dos aspectos por separado.
Culpa. La simplicidad mental lleva también a buscar un único responsable. La culpa la otorga la estrechez de nuestras miras. A veces se acusa al infiel; otras, a la tercera persona, y otras, a uno mismo. Incluso la culpa se coloca en características concretas: “Se ha ido con otro/a porque estoy gordo/a”. Explicaciones limitadas que además actúan como una cuchilla afilada sobre la autoestima.
La infidelidad no duele sólo por el engaño, oscurece porque levanta una tapa que deja salir todos los complejos a flote. El peso, las habilidades sexuales, la capacidad de amar, la inteligencia… Con los complejos destapados, muchas personas engañadas huyen hacia delante. Rápidamente buscan a otra persona o perdonan a quien les ha engañado al instante, sienten prisa para volver a tapar la caja de los truenos. Desaprovechar la ocasión para mirar a nuestros complejos a la cara y trabajarlos es perder una gran oportunidad de aprendizaje.

La revancha. Una reacción ante el engaño es la venganza. Pagar con la misma moneda. No son pocos los engañados que se lanzan a buscar un amante para desquitarse. Cuando las emociones se remueven tanto, las premisas que se esconden detrás emergen y pueden llevar a sitios interesantes. El problema quizá ha sido cómo se ha vivido, cómo se ha entendido la pareja: como una inversión de futuro. Hemos dado para obtener algo a cambio. Dos errores: invertir y esperar. Los sabios dicen que el fruto de las acciones está en sí mismas. Si se ama esperando algo, ya se está equivocado.
En el fondo la estafa se siente no tanto porque la pareja se ha ido con otra persona y nosotros no, sino porque él/ella ha sido feliz mientras la otra parte ha “invertido en la relación”. La mejor venganza no es ir a buscar un sustituto, sino ser felices.
Paranoias y espionaje. Al darse cuenta de que la persona que se tiene delante es capaz de mentir, se enfoca la realidad de forma distinta. Muchos detalles, nimiedades, se convierten en imanes que atraen la atención. Se puede vivir una paranoia y lo peor es mirar hacia delante y ver un panorama de desconfianza perpetua. Controlar se puede convertir en una obsesión. La pareja promete que nunca más va a ser infiel, pero no basta. La realidad es que el futuro nadie lo sabe. La vigilancia eterna es una opción que nos convertirá en desgraciados. La única salida es la confianza… ¿en la otra persona? No. En nosotros. Confiar en que, si en el futuro vuelve a engañar, sabremos encajarlo. Así que, en lugar de invertir en estrategias de vigilancia, la mejor salida es hacerlo en uno mismo, en las fortalezas de cada uno. Si la desconfianza se ha vuelto insufrible, siempre queda la opción de romper. Lo esencial es que la infidelidad ayude a crecer ya sea juntos o por separado.
Oasis. Los humanos somos cómicos. Algunas parejas dicen que el mejor sexo lo han disfrutado después de enterarse de la infidelidad. Notan como un rebrote del enamoramiento. La culpa del infiel, mezclado con el miedo a que se rompa la relación, con sesiones de charla profunda sobre la pareja… forman un cóctel emocional y afrodisiaco. En los casos que existe este acercamiento sincero, la relación, lejos de romperse, se fortalece, siempre y cuando esta nueva proximidad se riegue para que no quede en un mero espejismo.
El perdón. Es el único final feliz de una infidelidad. Perdonar no significa forzosamente reconciliarse. Se puede perdonar y seguir; perdonar y romper. Disculpar significa hacerse un regalo a uno mismo. Quitarse el resentimiento de encima. El resentimiento no superado convierte la infidelidad en un dolor crónico. Perdonar significa pasar página. No es algo que se pueda hacer instantáneamente. El dolor inicial no lo quita nadie. Para superar el resentimiento, para pasar página, se debe subir un escalón, hay que mirar la situación desde más arriba. Abrir el angular, comprender la naturaleza humana y sobre todo asumirla. La vida es así, compleja, emocional, inesperada.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Me identifico mucho con sus respuestas.

Los chistes, la angustia existencial, el autoanálisis, la lucidez. Los pensamientos sombríos, los requiebros, la falta de esperanza, el buen humor. El cine de Woody Allen contiene todos estos ­elementos, Woody Allen se compone de todos ellos, y todos ellos aparecen a lo largo de esta entrevista que se celebra en un lujoso hotel de París. A punto de cumplir los 80 años, el viejo Allan Stewart Königsberg, mago de la palabra cinematográfica, reverenciado director y agudo ­comediante, autor de películas deslumbrantes como ManhattanAnnie HallZelig o Delitos y faltas, entre muchas otras, acude fiel a su cita anual con las pantallas, un compromiso del que no se ha apeado más que dos veces desde el año 1966. Una película al año. Su compulsión en la elaboración de largometrajes no tiene parangón. Y ya van 46 películas detrás de la cámara.
Magia a la luz de la luna, su nueva entrega, la historia de un mago interpretado por Colin Firth que intenta desenmascarar a una médium (Emma Stone) en la Francia de los años veinte (se estrena el próximo 5 de diciembre), llega después de una de las más aclamadas películas de su filmografía, Blue Jasmine. Allen se muestra en buena forma durante la entrevista. Cualquiera diría que va a cumplir 80. Sólo se incomoda cuando es preguntado por la acusación de su hija adoptiva Dylan Farrow, que afirma haber sido víctima de abusos sexuales cuando tenía siete años. A pesar de que el caso fue desestimado en 1993 por falta de pruebas, Dylan Farrow escribió el pasado mes de febrero una carta en The New York Times en la que volvía a acusarle. Sólo en lo relativo a esta cuestión Allen se revuelve en el sillón, sobrepone su argumentario sobre el enunciado de la pregunta y hace todo lo posible por evitar la cuestión.

Estás condenado a muerte desde el nacimiento. ¿Y todo para qué?"
El hombre que sueña con arañas, según confiesa, y cuya película favorita es El ladrón de bicicletas, del maestro De Sica, responde ligeramente repantingado en una butaca de la habitación 205 del hotel Le Bristol en el que botones con bonete acarrean paquetes por recepción como si siguiéramos en ese París de los años veinte que a Allen tanto le fascina. Habla con cierta lentitud, lúcido y pesimista. De vez en cuando, detrás de sus palabras, emerge su sonrisa de niño pillo.
A través del mago Stanley Crawford, el protagonista de su nueva película, usted describe a un hombre que quiere escapar de la realidad para abrazar la magia. ¿Hace usted lo mismo? Sí, pero no podemos. A los dos nos gustaría que hubiera algo mágico en el universo, en la vida, pero, desafortunadamente, parece que lo que ves es lo que hay.
O sea, que es usted tan racional como el personaje.Totalmente.
¿Y qué supone esto en su vida? Significa que la mayor parte del tiempo estás deprimido, en vez de estar feliz. Es triste la condición del ser humano, tener que pasar por esto…
¿A qué se refiere? Vivimos en un mundo que no tiene sentido, ni propósito. Somos mortales, y todas las preguntas importantes… Para mí lo importante no ha sido nunca quién es el presidente de Estados Unidos, esas cuestiones van y vienen. Las preguntas importantes se quedan con nosotros y no tienen respuesta. ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué estamos haciendo aquí? ¿De qué va esto? ¿Por qué es importante que envejezcamos, por qué morimos? ¿Qué significa la vida? Y si no significa nada, ¿de qué sirve? Esas son las grandes cuestiones que nos vuelven locos, no tienen respuesta, y uno tiene que seguir adelante y olvidarse de ellas.



Usted ha abordado todas estas cuestiones a lo largo de su filmografía. A medida que pasa el tiempo, ¿las afronta uno de un modo distinto? Alguna gente sí; alguna gente cambia. Yo no he cambiado lo suficiente; ojalá hubiera podido cambiar más. Hay gente cuyos puntos de vista se modifican según pasan las décadas. Empiezan creyendo en Dios y cuando son más mayores ya no creen porque la vida les ha desilusionado. A otros les pasa lo contrario, se hacen mayores y empiezan a creer en Dios porque su experiencia les lleva a la conclusión de que hay un poder superior, que hay algo más…
No es su caso. No, yo no creo. Tengo una visión pesimista y realista de las cosas. Como Colin Firth en esta película, creo que lo que ves es lo que hay.
En un momento dado de la película, el personaje interpretado por Emma Stone dice algo como: “Todos necesitamos mentiras para poder vivir”. ¿Necesitamos mentiras para vivir? Sí; Nietzsche lo dijo; Freud lo dijo; Eugene O’Neill lo dijo en una de sus obras. Necesitamos espejismos, la vida es demasiado terrible de afrontar y no podemos afrontar la verdad de lo que es la vida porque es demasiado horrible. Cada ser humano posee un mecanismo de negación para sobrevivir. La única manera de sobrevivir es negar, ¿negar el qué?: negar la realidad. La vida es una situación tan trágica que solo negando la realidad sobrevives.
¿Siempre le pareció tan trágica la vida? Sí, desde que fui capaz de pensar, desde que tenía cinco años, siempre me pareció tremendamente trágica.

Cuatro estatuillas


CORBIS (CORBIS)
Woody Allen. Nacido en Brooklyn (Nueva York) el 1 de diciembre de 1935, dio sus primeros pasos como monologuista en los años sesenta. Su primera película, como guionista y actor fue ¿Qué tal, Pussycat? Su primer largometraje, Toma el dinero y corre, en 1969. Nunca acude a la gala de los Oscar, no cree en esos premios, pero Hollywood sí cree en él: ha recibido un total de 24 nominaciones a lo largo de su carrera, 16 como guionista. Y ha logrado cuatro estatuillas.
En la película que estrena el 5 de diciembre vuelve a transitar por el terreno de la comedia ligera. Magia a la luz de la luna, ambientada en la Costa Azul de los años veinte, supone el fichaje de la magnética actriz Emma Stone. La máquina de hacer películas no se detiene.
¿Por qué? Porque pude ver lo que era desde una edad temprana. Pude ver que naces, que no sabes por qué naces, que vives un número de años, impredeciblemente, puedes morir en cualquier momento, puedes morir a los 5 años o a los 15 o a los 50, nunca vas a sentirte seguro y relajado, siempre tienes que estar alerta; e incluso con esto, finalmente, vas a morir; estás condenado a muerte desde el nacimiento; consigues una pena de muerte en el instante en que naces, así que ¡muchas gracias! ¿Y todo para qué?
Usted viene haciendo una película al año desde 1966, con dos excepciones. ¿Cómo lo hace? No se debe confundir la cantidad con la calidad. He estado sano, gracias a Dios, y sigo trabajando, es agradable. Pero esto no dice nada de la calidad de las películas. Si me dijera que he estado haciendo grandes filmes, uno tras otro, desde 1966, eso sería un logro.
Bueno, de hecho es algo por lo que se le critica: por hacer muchas películas y, tal vez, no tan buenas como las que rodaba en los años setenta. ¿Qué opina sobre esto? No pienso nada, no significa nada para mí. Hay gente que me dice que Match PointMidnight in ParisVicky, Cristina, Barcelona y Blue Jasmine son las mejores películas que he hecho en mi vida. ¿Qué más da lo que piense la gente? Da igual.
Y usted ¿qué piensa? He leído que es tan perfeccionista que cada vez que ve una de sus películas, no le gusta. ¿Está ­especialmente orgulloso de alguna de ellas? Oh, sí; creo que he hecho algunas películas buenas; no, grandes películas, pero sí películas buenas.
¿Cuáles serían esas para usted? La rosa púrpura del Cairo es una buena película; Zelig, también; Balas sobre Broadway
¿Qué hace que una cinta sea buena? Para mí una buena película es cuando estoy en casa, tengo una idea, la escribo, la filmo, la monto, le pongo la música y digo: “¡Salió como yo quería, es exactamente lo que quería!”.
Tengo entendido que cuando usted rodó Manhattan, no le gustó nada e incluso ofreció a United Artists rodar una de forma gratuita si no la exhibían. Sí, no estaba contento cuando acabé Manhattan porque no conseguí lo que quería. A la gente le gustó, fenomenal, pero no es lo que yo quería. Lo mismo me pasó con Hannah y sus hermanas, que tuvo mucho éxito, pero no para mí.




Más de una vez ha dicho usted que rodar es una manera de escapar de sus ansiedades. Sí, me permite no pensar en cuestiones sombrías. Pienso en si podré contratar a Emma Stone para la película, o a Colin Firth; si deberé rodarla en el sur de Francia o en Boston. Esos problemas triviales se pueden solucionar, y si no se solucionan, nadie me mata; si todo sale mal, mal, mal, el resultado es, simplemente, que tengo una mala ­película. Los otros problemas, los que no puedo resolver, sí que me matan.
Entre esos problemas estará, supongo, lo ocurrido este año con su hija adoptiva Dylan Farrow, que le habrá afectado…No, yo compartimento muy bien las cosas.
¿No le afecta? Yo sólo trabajo, no leo lo que dicen sobre mí en la prensa, nunca leo las críticas de mis películas, ni veo mis películas. No he vuelto a ver Toma el dinero y corre desde 1967, cuando la rodé… Yo solo trabajo; es lo único importante para mí; ni los premios, ni las críticas, ni las cuestiones financieras… No leo lo que se publica de mí en la prensa; sea bueno o malo, críticas…
Sí, pero esta vez tuvo la necesidad de escribir en The New York Times su versión de los hechos… Sí, tuve que corregir algo.
Se trata de una acusación de abusos sexuales… Tuve que corregir algo y lo hice. Lo escribí rápido,no me llevó más de una hora. Y eso fue todo.
En Woody Allen: un documental, realizado en 2011, gente que trabajó con usted le describía como una persona tímida, un poco adolescente, hipocondriaco, lleno de fobias. ¿Es así? Hasta cierto punto. No estoy lleno de fobias, tengo algunas. No voy por túneles, soy claustrofóbico. No soy un hipocondriaco; más bien un alarmista: no imagino que estoy enfermo, pero si veo una cosa pequeñita aquí, una picadura de mosquito, pienso que es un tumor cerebral. Tengo ­peculiaridades, pero no son peligrosas…
Tímido… Sí, siempre luché contra esto. Ojalá no hubiera sido tan tímido, hubiera tenido una vida mejor si no llego a serlo.
Ha rodado la mayor parte de sus últimos largometrajes en Europa. ¿Lo ha hecho para poder mantener su independencia? No. Fue por cuestiones de financiación, al principio. Siempre he sido independiente, siempre he tenido el corte final, nunca, nunca, nunca han tocado mis películas, desde la primera que rodé.
¿Siempre ha sido libre? Completamente, libre al 100%.

Para mí una buena película es cuando tengo una idea, la escribo,
la filmo, la monto y digo: 'Salió exactamente como yo quería"
¿Tuvo esto algún coste para usted? Mientras mis películas no salgan muy caras, les da igual lo que haga. Tuve problemas para conseguir dinero y me propusieron que si hacía Match Point en Londres, me la financiaban, así que fui y me gustó. Luego llamaron de España para que hiciera una película en Barcelona.
¿Qué recuerda de aquellos días en Barcelona? Me encantó, tuve una gran experiencia. Me encanta España en general. Mi mujer y yo lo pasamos muy bien allí. Vivimos en Barcelona una temporada, toqué mucho jazz. Me encantó Madrid cuando fui, San Sebastián… Y Oviedo me volvió loco: si alguna vez tuviera que jubilarme, Oviedo sería el sitio.
¡Vaya! Es precioso, me encanta el tiempo, las comidas, la gente… Y en Barcelona estuve varios meses; con Scarlett Johansson, con Javier Bardem, con Penélope Cruz, lo pasé muy bien.
Suele usted decir que en Europa le consideramos un intelectual porque lleva gafas de pasta, pero que en realidad no lo es… Sí, eso es lo que la gente piensa de mí.
O sea, que usted no es un intelectual. No soy un intelectual, pero la gente piensa que lo soy porque tengo el aspecto que se atribuye a los intelectuales. Pero estos no tienen un aspecto especial; tienen el mismo que los levantadores de pesas o que los jugadores de béisbol… Hace años, si leías mucho, se te estropeaba la vista, y si llevabas gafas era porque leías mucho, porque eras una persona de libros. Pero yo no soy un intelectual.
Acostumbra usted a contar que lo que le gusta es beberse una cerveza viendo un partido de béisbol… Sí, no soy un intelectual. Me gusta tocar jazz; me gusta ver baloncesto, béisbol, fútbol americano, tenis, me gustan los deportes… No son actividades de intelectual.


echa de menos Nueva York, como ciudad, para rodar? No, no demasiado. De vez en cuando me gustaría hacer una película en Nueva York, porque estoy loco por la ciudad de Nueva York, pero no es que me vaya a Sudán o a Libia a rodar; voy a hacer películas a Barcelona, Londres, París, Roma…
Sí, y se dice que sus películas son muy turísticas… Ah, sí, para mí las ciudades son personajes vivos, como Nueva York. El lugar en el que estoy es muy importante para mí, soy muy de ciudad y me gusta que el público sienta la ciudad como yo la siento. Con Nueva York me solían decir lo mismo, que no era tal y como yo la retrataba.
Eso le dijeron cuando hizo Manhattan Sí, y dije que me daba igual. Soy un artista, no soy un periodista; te muestro cómo siento Nueva York, mis impresiones de la ciudad, lo mismo con Barcelona y con Roma… Yo voy a esas ciudades como turista, soy un turista en Roma, soy un turista en Barcelona, y las veo desde los ojos del turista que se enamora de ellas. Como turista, no me enamoro de todas las ciudades a las que voy, he viajado por toda Europa. Pero he tenido un sentimiento muy apasionado en las ciudades en las que he rodado.
Sigue usted sin acudir a la entrega de los Oscar. ¿Por qué?No soy una persona de premios. Se puede decir cuál es la película favorita de uno, pero no cuál es la mejor película. ¿Quién puede decir eso? Son valoraciones personales, no significan nada. Para los Oscar, la gente hace campaña y gasta millones de dólares para comprar esos premios.

Soy muy pesimista porque el problema del mundo es que depende de la gente. Si miras la historia, ves que no se ha hecho un buen trabajo"
En otro orden de cosas, señor Allen, ¿a usted qué le preocupa del mundo en el que vivimos, del rumbo que ha tomado nuestra civilización? Soy muy pesimista porque el problema del mundo es que depende de la gente. Si miras la historia, ves que la gente no ha hecho un buen trabajo administrándolo, cuidándolo, viviendo en él. No tengo muy claro que el mundo vaya a sobrevivir; no hay muchas razones para el optimismo en estos momentos, tal vez en unos años haya mejores perspectivas.
¿No encuentra usted ningún motivo para la esperanza?Bueno, hay una porción de la gente que es agradable. Pero o no hay suficiente, o son demasiado pasivos, o la tarea es abrumadora; o los malos tienen más ambición y energía. Pero es difícil hallar un punto luminoso en la historia de la humanidad.
¿La gente, en general, no es buena? La gente, en general, está asustada. Y cuando están asustados, actúan equivocadamente, se comportan mal. Es la condición humana, la trágica condición de la existencia, la gente está ansiosa y asustada, no tiene nada en lo que creer, ni tiene esperanza, y la vida es muy complicada, y se comportan mal. Si mañana quedara claro que la vida tiene sentido, o que hay un dios en el universo, seguro que la gente actuaría mejor, y la situación cambiaría para mejor radicalmente. No es que la gente sea inherentemente mala, es que tiene miedo y por eso se comporta mal.
¿Lo tiene usted? Yo estoy tan asustado como los demás, más que la mayoría; y soy una de las personas que se comportan decentemente a pesar de todo. Hay gente así, pero no demasiada.
Al ritmo que sigue rodando, no parece que tenga usted pensado retirarse del cine. No tengo planes de retirarme en estos momentos. Pero puedo volver a mi habitación y me puede dar un infarto y quedar mal, y entonces me retiraría. Si la salud aguanta, si estoy sano y la gente quiere poner dinero para mis películas, no me retiraré. Si enfermo o la edad me ralentiza de un modo que me avergüence, o no consigo dinero para mis películas, pues me retiraré.
Y a estas alturas de la vida, usted ¿qué quiere? No lo sé. Dos camareras de cócteles de 20 años.
¿Nada más? ¡No necesito nada más!
¿Nada más? No, ¡estoy en forma!

Todo cambia.

Y si viviera la vida como si me invitaran a ver una película y simplemente me limito a observarla desde mi asiento.
No pintamos ni somos nada ante la idea de que un día nos vamos a ir del cine, porque se abra acabado esta película y volverá a empezar otra distinta  que verán otros de otra manera.
Pero a veces resulta imposible  no levantase y actuar .
Creo se trataría de aplicar cuando ser espectador y cuando ser actor .
Como dice esta frase.
"Señor dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo y sabiduría para distinguir la diferencia."

martes, 4 de noviembre de 2014

Muy cierto.

Albert Einstein afirmaba que “no es posible superar los problemas del presente, con el mismo pensamiento que los ha creado”. 

domingo, 26 de octubre de 2014

Vamos bien.

Ca­me­ron: “18 paí­ses de la UE han da­do me­nos di­ne­ro pa­ra lu­char con­tra el ébo­la que la em­pre­sa Ikea”.

viernes, 17 de octubre de 2014

El ego siempre.

Ayer por desgracia asistí a un funeral de una persona cercana y mientras escuchaba las palabras bonitas que decían tanto amigos como familiares me imaginaba mi propio funeral.
Mas o menos estos era lo que pensaba.
Es importante que venga mucha gente porque vacío queda fatal, asi pensaran cuanta gente conocia este tío.
La música tiene que estar súper bien escogida, que emocione.
Que tenga muchos discursos y todos súper emotivos hablando muy bien de mi y que hagan llorar mucho a todos los presentes.
Tiene que tener una pantalla con imágenes de mis momentazos para que vean cuanto y como vivi.
Muchas flores blancas. Gran puesta en escena.
Lo del cura como que no lo veo, ya que no quiero misas de esas largas. Algo original y distinto.
Y entonces me di cuenta de  que hasta en esos momentos nuestro EGO es tremendo.



domingo, 5 de octubre de 2014

Valor para vencer el miedo interno.

El valor es el dominio del miedo no la ausencia del miedo.
Practicar esa verdad es el camino para vencerlo, pero sin enfrentamientos a esos miedos no tendremos la practica ni el conocimiento para dominarlo.
Si no existiera el miedo no existiría el valor .

miércoles, 1 de octubre de 2014

Superar la ansiedad.

Nena, esto es de lo más normal

Una de cada seis personas en el mundo sufrirá un trastorno de ansiedad durante al menos un año en el transcurso de su vida

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Este libro es una joya. Y eso que, al principio, resulta un poco árido, un poco espeso. Pero les recomiendo perseverar, porque enseguida se pone estupendo. Me refiero a Ansiedad, miedo, esperanza y la búsqueda de la paz interior (Seis Barral) de Scott Stossel, un periodista norteamericano cuarentón que vive asediado por las crisis de ansiedad, que pueden atacarle en cualquier momento y dejarle tembloroso, taquicárdico e incapaz de hablar. Además padece miedo a los espacios cerrados (claustrofobia), a la altura (acrofobia), al desmayo (astenofobia), a quedar atrapado lejos de casa (al parecer es una variante de la agorafobia o miedo a los espacios abiertos), a los gérmenes (bacilofobia), a hablar en público (un tipo de fobia social), a volar (aerofobia), a vomitar (emetofobia), a vomitar en un avión, cosa que, para él, debe de ser como una manía al cuadrado (aeronausifobia) y, por último, hasta le tiene miedo al queso (turofobia), una obsesión rarísima que ya me parece la repanocha.
Como comprenderán, yo, que soy una ansiosa de manual, y que he sufrido tres grandes crisis de angustia clínica en mi vida, a los 17 años, a los 21 y a los 30, me he abalanzado sobre este ensayo como cerdita sobre charca de lodo. Y debo decir que el pobre Scott es tan catastrófico que, de entrada, su ejemplo puede animar muchísimo a los ansiosos más medianos. Que, por cierto, son (o somos) legión. Según los últimos estudios citados en este libro, se calcula que una de cada seis personas en el mundo sufrirá un trastorno de ansiedad durante al menos un año en el transcurso de su vida.
Sé que al otro lado de estas páginas hay mucha gente devorada por el ogro de la angustia”
Y sufrir un trastorno de ansiedad no es estar un poco nervioso ni sentirse preocupado por algún problema de tu vida. Una crisis clínica cursa con síntomas aparatosos y es inhabilitante mientras dura. Recuerdo mi primer ataque de angustia a los 17 años: estaba viendo la televisión una noche, tras la cena, en el comedor vacío de la casa de mis padres, cuando de repente el mundo se alejó de mí, como si estuviera contemplando la realidad a través de un telescopio; es decir, el comedor estaba todavía ahí, pero lejísimos (luego supe que esto se denomina efecto túnel y que es bastante habitual); inmediatamente me entró un ataque de terror absoluto, con el agravante de que ni siquiera sabía a qué le tenía miedo. Me castañeteaban los dientes, me temblaban las piernas, me entrechocaban las rodillas. Como lo que me sucedía era incomprensible, deduje que me había vuelto loca y eso aumentó el pánico. Además, era incapaz de explicar lo que me pasaba. No podía hablar, no podía comunicarme. Porque la esencia de todo trastorno mental es la soledad, una soledad tan colosal que resulta inimaginable si no la conoces, si no has estado ahí. Una soledad de astronauta vagando perdido en el espacio intergaláctico.
En la España de fines de los sesenta y en mi clase social, la gente no iba al psiquiatra; de modo que me pasé la crisis a pelo, sin un solo ansiolítico. Estaba a punto de entrar en la universidad y decidí hacer Psicología para intentar entender lo que me pasaba. De hecho, tengo la teoría de que la mayor parte de los psiquiatras y psicólogos se dedican a eso porque, de jóvenes, temieron estar locos. Lo cual, por otra parte, no es malo en sí mismo: al contrario, puede proporcionar un mayor entendimiento y una cercanía con los pacientes. En cualquier caso, estudié un par de años de Psicología y ahí aprendí que las crisis de angustia, aunque espectaculares, son como la gripe de los trastornos mentales; básicas, muy comunes y, pese al sufrimiento que producen, muy leves. Conocer todo esto me hizo ir perdiendo el miedo al miedo; ya sabía que de las crisis se regresaba, que no me iba a quedar ahí atrapada, que eran algo transitorio. El irme aceptando como era y, sospecho, el empezar a publicar mis textos en torno a los treinta años (porque escribir te cose, te une al mundo), hizo que las crisis se acabaran. Hace tres décadas que no sufro ninguna. Pueden volver. No me apetecen, pero no las temo. Y hasta les estoy agradecida por haberme enseñado el espacio exterior mental, ese lugar inhóspito y aterrador de la dolencia psíquica. Cosa que me ha hecho conocer mejor al ser humano. Cuento todo esto, como Scott cuenta sus tremendas, agobiantes y a menudo desternillantes experiencias, porque sé que al otro lado de estas páginas hay mucha gente devorada por el ogro de la angustia. Personas que se sienten perdidas, que se creen morir, que piensan que se les ha ido la cabeza para siempre. Y que son incapaces de hablar de ello. A mí, a los 17 años, me hubiera servido de mucho que alguien me dijera: nena, esto es de lo más normal; respira tranquila y espera a que se pase. Así que aprovecho el estupendo libro de Stossel para decirlo ahora.
@BrunaHusky

sábado, 27 de septiembre de 2014

Ansiedad no estas solo.

Confieso que desde haces años temo a los ataques de ansiedad porque hace tiempo tuve varios.
Esto me ha llevado a vivir una vida ciertamente algo limitada de lo cual me voy librando en estos ultimos años .
Yo animo a todos aquellos que teméis tener un ataque de panifico o ansiedad o que ya la habeis tenido a que no esperéis tanto como yo para afrontarlo y vencerlo.
Debe ser de una meneara valiente, constante y comprometida para ganar al miedo y ser libres. Dejaros de libros de autoayuda y buscaos un buen profesional que os ponga deberes y cumplirlos a rajatabla.
Comprometeos con el de verdad. Poco a poco iréis avanzando hasta lograrlo.
Pero hay que empezar y avanzar. Nunca parar ni retroceder ,ante las adversidades hacerte tu con el control de tus miedos. La exposición es la única solución al problema.
No me quejo de todo lo que he vivido, aun estando algo limitado, pero podía haber estrujado mas la vida, cosa que ahora hago. Debeis decir si a todo no lo eviteis.
La diferencia de vivir sin miedo es indescriptible. Vencerla si te hace libre de verdad.
No mas excusas para empezar y dejar de mentiros a vosotros mismos de mil maneras.
Que da mas ansiedad solo pensarlo? Que se pasara mal? pues claro todos hemos pasado por ello y por eso no empezamos o lo dejamos enseguida. Todos los que la hemos sentido sabemos de que hablamos .
Respira y piensa que esto no va mas contigo. Es una mentira creada por ti. No te pasara nada.  Ya sabemos que síntomas tendrás y como desaparecen. Somos millones .
A veces los reguladores de serotonina son un gran bastón para avanzar y superarla mas fácilmente  pero muchas personas son anti pastillas de este tipo.
Un gran consejo, cuanto mas tardes mas se enquista el tema y mas cuesta sacarlo. Es como un alien, cuanta mas agua le das mas engorda.
Empieza ya!.
Animos no estas solo, yo estoy al otro lado. Y como decía un amigo "al alíen ni agua".


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Pastillas ?

Que levante la mano quien en algún momento de su vida y ya con una cierta edad, no ha tomado ninguna pastilla para la ansiedad, pánico, depresión o estrés, por algún motivo o circunstancia.
Debemos pasar los malos momentos sin tomar nada?
Porque este rechazo a las pastillas que curan el alma ?
Tenemos que vivir el sufrimiento?
Se toman para miles de males pero estas parece que son tabú socialmente y se toman en silencio.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Confesiones.

Para que confesamos a veces nuestros secretos?.
Culpa?  necesidad? inmadurez? arrepentimiento? liberación?
Entonces sin preguntas no hay mentiras?

Verdad o mentira?


Guardar secretos para uno mismo?
Omitir verdades?
Mentir por miedo?
Contar verdades dolorosas?
Mentir para hacer feliz?
Todo es mucho mas, verdad o mentira?

viernes, 12 de septiembre de 2014

Problemas?

Seamos prácticos, los problemas se deben resolver o disolver, pero no alargarlos ni retenerlos.
Terminar con ellos lo antes posible libera el disco duro emocional  y así cuanto mas vacío esta mas ligero caminas por la vida.
Simplemente.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Egoísmo.

Si todos buscamos ser felices no sufriendo de ninguna manera, como no podemos ser egoístas sin darnos apenas cuenta?
En cada acción buscamos una compensación?
Somos capaces de manipularnos o  mentirnos a nosotros mismos con tal de sentir bienestar?
Esta el gen egoísta que decide por nosotros?
Es real el altruismo, o también se busca algo en esa acción?
Dejaremos de buscar placer realmente en algún momento?

Definición[editar]

Egoísmo y altruismo. Significado y diferencias[editar]

En general, el egoísmo, de ego [yo] e ismo [práctica], se define como aquella conducta consistente en poner los intereses propios en primer lugar. En particular, el término egoísmo puede hacer referencia a:
• Egoísmo moral -doctrina ético-filosófica del autointerés como ética.
• Egoísmo racional -concepto filosófico con varias interpretaciones y conceptos.
• Egoísmo biológico -noción de biología evolutiva.
• Egoísmo psicológico -teoría sobre la conducta humana autointeresada y no realmente altruista.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Adictos a la comparación.


comparison-hgh“Algunas personas sienten la lluvia. Otras, simplemente se mojan”, Bob Marley
La comparación es una amante peligrosa. Sutil y manipuladora, tiene la capacidad de distorsionar la visión que tenemos de nosotros mismos y del mundo que nos rodea. Cuando entra en escena, egocéntrica y extremadamente crítica, nos arrastra a una rueda de constante insatisfacción. Nos desgasta y nos vacía, privándonos de tranquilidad y bienestar. Es entonces cuando nada de lo que somos, hacemos o tenemos parece ser suficiente. A golpe de lengua viperina envenenanuestras relaciones y multiplica nuestro malestar. Nos distancia de los demás y teje unaburbuja a nuestro alrededor que únicamente refleja nuestra inseguridad. Para muchos es una adicción, tan irresistible y destructiva como cualquier droga. Y si lo permitimos, puede llegar a consumirnos.
En cualquier situación y ante cualquier persona, incluso tras sólo cruzar un par de frases, se amontonan en nuestra mente oleadas de pensamientos del tipo “Es más alto, más bajo, más guapo, menos divertido, más delgado, más inteligente…que yo”. No en vano, toda comparación necesita de un punto de referencia, y por lo general, nos utilizamos a nosotros mismos como medida. Lo único que logramos al actuar bajo esta premisa es distorsionar nuestra propia imagen hasta destrozar nuestra autoestima. Especialmente porque solemos compararnos más a menudo con aquellas características del otro que juzgamos ‘mejores’, y a restarle importanciaa aquellas que no lo son tanto. Además, cuando nos comparamos somos más propensos a ponernos a la defensiva, a sentirnos más susceptibles y por lo tanto es más fácil que reaccionemos negativamente. Es uno de los tóxicos efectos secundarios de la droga de la comparación.
Si aspiramos a construir relaciones sanas con nuestro entorno y con nosotros mismos, tenemos que empezar a comprender cómo funciona y aprender a regularla. Es el primer paso para minimizar sus efectos, brindándonos la oportunidad de hacer las paces con nuestras carencias y áreas de mejora, nuestras necesidades e inseguridades. Quizás no seamos perfectos, pero no logramos nada castigándonos a través de la constante comparación. A menudo, somos nuestrojuez más severo y el verdugo menos compasivo. ¿Y qué conseguimos tratándonos así? Tal vez sea el momento de cuestionarnos a dónde nos conduce el camino de la comparación, y preguntarnos en qué persona nos convierte en el proceso.
Las gafas de la distorsión“Los complejos vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos”,Confucio
A pesar de sus múltiples consecuencias, la comparación cumple con una función tan básica como necesaria para nuestra supervivencia. Nos sirve como una especie de brújula, guía o coordenadas, pues nos ubica en cualquier situación en base a una evaluación de nuestro entorno. Nos da un marco de referencia para interactuar con otros seres humanos. Sin duda, resulta útil. Pero para muchos es también una tentación irresistible que, en exceso, se convierte en un fruto envenenado.
La comparación cuenta con abundantes efectos secundarios. Dos de los que causan más estragos posiblemente sean el ‘complejo de inferioridad’ y el ‘complejo de superioridad’. Según la psicología, el complejo de inferioridad es un sentimiento que provoca que una persona se sienta de menor valor que las personas de su entorno. Por lo general, surge como consecuencia de una visión distorsionada del propio ser. Esta circunstancia se da cuando la persona se siente insuficiente cuando se compara con la imagen de lo que cree que tendría que ser. A causa de la constante frustración que le genera el creer que no está a la altura, gana en ansiedad y suma en dificultades de relación.
En este punto entra en escena la sugestión, un arma muy eficaz. Por poner un sencillo ejemplo: si creemos que somos patosos, tenderemos más a tropezar y a caernos. Nuestra mente es un instrumento poderoso que construye nuestra realidad. Cuando tenemos complejo de inferioridad nuestras inseguridades se multiplican, y en ocasiones nos vemos incapaces de lograr nuestros objetivos, ya sean profesionales, académicos, o personales. Y cuando no logramos alcanzar los estándares que consideramos aceptables, a menudo terminamos por tirar la toalla. Perdemos interés, dirección, ganas y propósito. Esta realidad puede desembocar en una permanente situación de desánimo y ansiedad que nos dificulta interactuar con cualquier persona. De ahí que tendamos a evitar cualquier tipo de responsabilidad.
Por otra parte, el acuñado como ‘complejo de superioridad’ por Alfred Adler es un mecanismo que desarrollan algunas personas para compensar sus propias carencias, inseguridades y sentimientos de inferioridad. Optan por magnificar sus propias cualidades, desestimando los logros ajenos. Y también por minimizar sus propios defectos, mirando hacia otro lado cuando hacen acto de presencia. Tienen una visión tan distorsionada de sí mismos que pierden contacto con la realidad, lo que empobrece sus relaciones y les convierte en personas de difícil trato. Destacan por su arrogancia y prepotencia. Suelen disfrutar de ser el centro de atención, y tienden a mirar por encima del hombro. Temen fracasar, y se construyen su burbuja ficticia para protegerse del mundo real.
Ambos hijos del exceso de comparación, nos llevan a vivir una vida de marionetas, sin control sobre nuestras reacciones, conductas y actitudes. Dos ejemplos de cómo el reflejo de los demás en nuestra retina puede truncarnos la existencia. Pero, ¿cómo podemos dejar depadecer bajo su maligna influencia? Y ¿de qué manera podemos recuperar las riendas de nuestra propia vida? Damos por hechas muchas cosas sobre nosotros mismos. Lo que nos gusta, lo que no soportamos, aquello que admiramos, las metas que perseguimos. Pero casi nunca nos damos la oportunidad de cuestionarnos si todas esas certezas absolutas que tenemos sobre quiénes somos son auténticas.
Distancia y perspectiva
“He sido un hombre afortunado; en la vida nada me ha sido fácil”, Sigmund Freud
Todos partimos de un conjunto arraigado de creencias, consideraciones y certezas que conforman nuestra manera de ver, recibir e interpretar todo lo que sucede a nuestro alrededor. Esta base nos viene dada en función de las normas y aspiraciones de la sociedad de la que formamos parte, de los valores –y expectativas- familiares que hemos recibido, y de nuestra propia experiencia, acumulada con los años. Este marco de referencia nos indica quién deberíamos ser, y nos moldea para acercarnos lo máximo posible a ese ‘ideal’. El buen hijo, el trabajador incansable, el padre respetado. Cada uno tiene el suyo propio. Pero la realidad última es que todos llevamos grabada a fuego la idea de quién tenemos que ser. Y en función de lo cercanos o lejanos que creamos estar de ella, nos consideramos más o menos valiososcomo seres humanos.
Sin embargo, cada uno ocupa un lugar distinto en este mundo porque todos somos diferentes. Lamentablemente, hemos dejado de valorar la singularidad en pro de lo convencional, lo ‘normal’ y lo ‘previsible’. Apreciamos aquello que nos hace parecidos, no aquello que nosdiferencia de los demás. Además, tenemos cierta tendencia a idealizar. Hasta el punto que muchas personas optan por la ficción para establecer ese ‘índice de valor’, lo que prácticamente lo convierte en imposible de alcanzar. No hay más que mirar a nuestro alrededor. La mayoría de anuncios muestran a personas tan retocadas que no existen. Aspiramos literalmente a un modelo de perfección falso, creado a golpe de click. Es una realidad contra la que estamos condenados a chocar, lo que conlleva toneladas de tensión y grandes dosis de estrés.
De ahí la importancia de recordarnos de vez en cuando que nunca ha habido, hubo ni habrá nadie que viva, experimente y sienta exactamente como nosotros. Somos absolutamente singulares. Cada uno de nosotros está compuesto por una serie de elementos comunes, pero la combinación es única en cada ocasión. Es imposible realizar una comparación objetiva, porque no hay dos seres humanos iguales. El sesgo está en nuestra mente. La adicción a la comparación nos hace perder perspectiva, atrapándonos en una ficción en la que siempre salimos perdiendo. Todos tenemos cualidades y carencias, pero curiosamente estas últimas parecen pesar el doble en nuestra balanza.
Lo cierto es que adaptarnos a nuestra propia exigencia puede resultar muy difícil. Resulta más útil y constructivo empezar por redefinir lo que auténticamente tiene valor para nosotros. Y para lograrlo tenemos que apostar por conocernos mejor, descubrir quiénes somos, cuáles son nuestras singularidades y capacidad de aportar valor añadido. Dejar de mirarnos en el espejo de los demás y empezar romper la burbuja de la comparación, que nos aleja del mundo pero sobretodo de nosotros mismos, de nuestro potencial y nuestra verdadera esencia.
En clave de coaching
¿Qué ganamos cuando nos comparamos con los demás?
¿Cómo cambiaría nuestra vida si nos midiéramos en base a nuestro criterio en vez del de las personas de nuestro entorno?
¿De qué manera mejorarían nuestras relaciones si cultivásemos nuestra autoestima?